Islas Flotantes


Islas Flotantes



Hubo un tiempo en el que el mundo era distinto.
Azul. De un azul intenso, inmenso.
Todo agua, y cielo. Mar y nubes. Ocasos rojizos y albas tenues.

Amaneceres nacidos entre brumas y nieblas, donde la vastedad de un horizonte sin fin se confunde con la infinidad del silencio, eterno viajante errante sin rumbo.

Anocheceres distantes, sobre el remanso de paz de un mar teñido con los últimos rayos de un sol poniente, donde un velo se alza en el linde que alcanza la vista.
Oscuridad, que todo lo envuelve. Arriba, en el inalcanzable cielo techado de estrellas. Abajo, en los profundos abismos, donde todo va a parar.


Algo se mueve en la noche. Una sombra en la negrura vaga taciturna, guiada por reflejos de luna. Lentamente se desliza entre las aguas, dejando una estela que se desvanece tras las olas, ahora en calma, otrora gigantescas, rompiendo la quietud reinante.
Su pausado avance cesa al despuntar el alba, cuando el sol ilumina toda su grandeza.

¡Tierra! Gritan muchos cuando las ven, alzándose sobre la línea difusa que une cielo y mar.
Y se regocijan por su suerte, pues ignoran cuanto ocultan bajo las aguas.
Pero otros tantos las temen, y procuran jamás acercarse a ellas.
Cuando la prudencia se confunde con el miedo, éste último suele vencer.

Islas flotantes, las llaman. Lugares sin ombría, en las que los puntos cardinales cambian a cada momento, según viran. Pues tienen vida propia.

Gigantescos monstruos de historias olvidadas. Criaturas nacidas de mitos y leyendas, ya extintas. Lo cierto es que nunca se sumergen, sabedoras de la importancia de su presencia en la superficie, esencial para quienes habitan su lomo. Seres dependientes, pendientes de la vida que los sustenta.


Pero en este mundo de antaño, las islas mueren… Nacen, surgen de las aguas, y luego permanecen, por mucho tiempo entre los azules intensos del cielo y opacos del mar. Hasta llegar el momento en que, por alguna desconocida razón, van a morir rumbo al ocaso.

Y allí se hunden, lentamente, en los profundos abismos de los confines del fin del mundo, donde todo acaba.
Y con ellas, se pierde su riqueza, como la de un ser sabio cuando marcha para siempre.

Mientras, por suerte, en otros lugares en la inmensidad del gran mar, nuevas islas flotantes emergen, y se llenan de vida…


Soplan vientos del norte. Llegan mareas del sur.

.- SENS

     










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Comentarios (3)


Ah se me olvidaba!
Mil gracias por pasarte por mi blog.

Andrea Sanz

Cada vez me engancho más a tus relatos, son preciosos, tienes un gran talento Sens, besitos!

Andrea Sanz

Te felicito Sens, que tengas un excelente año, cariños.

Luisa Aurora


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