Cazador





Jamás hubo cazador igual. Su instinto es tal que le permite discernir entre sus presas, seleccionando aquellas más débiles, o menos capaces de repeler su ataque. No hay piedad. Necesita de ellas para existir.
A veces, insaciable, provoca tal devastación que hace temblar los corazones de quienes oyen las historias que sobre él se cuentan, leyendas de antaño convertidas en hechos reales.
Su zona de caza, cualquiera. Apenas existen refugios para quedar a salvo.
Sus víctimas, cualesquiera incapaces de enfrentarse a él, o de huir.
Sus armas, perfeccionadas por el tiempo, desgarran hasta lo más profundo.

Casi siempre se encuentra acechando. Espera el momento clave en el que la presa es más vulnerable, y lo aprovecha.
Pocas escapan. Menos son las que le vencen, consiguiendo que desista en su intento por prenderlas. Ninguna, todavía, la que haya sido capaz de darle muerte. Y eso le hace más fuerte.


Es noche cerrada. Avanza, sigiloso, tras el rastro dejado por alguna criatura taciturna.
Le gusta el arte de la caza; quizá porque nunca ha estado del otro lado.
Tan rápido como letal, no tarda en llegar a la altura de algo que se mueve con la cabeza gacha, apenas una sombra entre sombras. No siente pena alguna... Es más, antes del ataque, disfruta por unos instantes de la visión de su próxima víctima, ignorante del peligro. Sin nadie que la advierta. Perfecto.
Adelanta unos pasos hasta quedar por delante de ella y, raudo y veloz, sin más, se muestra, cruzándose en su camino. Nunca ataca por la espalda. Le gusta observar el pánico, el terror, reflejado en los ojos de quien le ve, de quien siente su presencia por vez primera. Notar su temor, el temblor de cada fibra de su ser.

Pero esta vez es distinto. Algo va mal. No se repite lo de siempre. Esos ojos no transmiten nada, más allá de la sorpresa por la repentina aparición.
La presa no siente miedo alguno en su interior. Puede que porque ya lo conozca, porque lo tiene enfrente, intentando cazarle. Puede que porque va a enfrentarse a él, porque la lucha es lo único que le queda por hacer para sobrevivir, y seguir adelante.

Es, quizá, la primera vez que el miedo, cazador, siente miedo ante una presa. Y eso le hace dudar, y la duda le hace más débil.
Unas nubes cubren la luna, privando la escena de su luz. Es el momento. Termina la caza.
La otrora víctima se abalanza furiosa sobre el cazador.
Empieza el combate.

.- SENS

     

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