Vela





Tantas como días. Noches.
Relacionadas a menudo con el descanso, el sueño, dormir... no siempre era así. Para él, al menos, no siempre era así.

Añoraba aquellos años en los que, al irse a la cama, su mayor preocupación era elegir los muñecos que arroparía junto a él, uno a cada lado, para sentirse protegido, y que le harían compañía en su viaje al mundo de los sueños.

Hacía ya mucho que ésta había dejado de ser una preocupación. Por desgracia.
Últimamente, lo era el hecho de preguntarse si esa noche lograría dormir. Descansar. Olvidar. Dejar este mundo por unas horas, pero sin acabar en otro parecido. O peor. Ese en el que la pesadilla lo hacía sufrir tanto, o más, como la realidad.


Lo confortable de un lecho se convertía, en ocasiones, en una tortura.
Las reflexiones y pensamientos son más profundos en esos momentos en los que el cuerpo se relaja, los ojos se cierran, la oscuridad todo lo envuelve, el silencio se hace presente.
También lo son los tormentos. Y los lamentos. Las ilusiones perdidas y las desesperanzas.


Noches en vela. Demasiadas noches en vela.
A veces, la noche más larga puede pasar en un abrir y cerrar de ojos, y la más corta parecer interminable.

Y él, llevaba varios años en los que casi todas le parecían noches de verano. "Cortas", aunque en su mayoría, frías noches de verano, como la que acababa de comenzar.
Ya acostado, pensó, sin saber muy bien por qué, en aquellos muñecos, tan lejanos en el tiempo, compañeros de sus primeros sueños. Y cerró los ojos.
Al abrirlos, un instante después, los rayos de un sol que se colaba por la ventana rozaban los pies de su cama. Hoy llegaría tarde al trabajo.

.- SENS

     

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