En Un Amanecer Cualquiera





No sentía ya dolor. Sólo una sensación de bienestar y placidez, nunca antes conocida.
Fuera, tras las cortinas de la ventana semiabierta, amanecía. Por suerte, ésta daba al este y, desde hacía un tiempo, había podido disfrutar de la belleza de cada amanecer.

Los primeros rayos del día, que se colaban en la habitación, jugaban a iluminar cada rincón.
La brisa, venida de más allá de las montañas por las que el sol se levantaba, refrescaba el ambiente, y daba vida a los pequeños seres que jugueteaban, cada mañana, alrededor de la cama. Habían sido un buen regalo de cumpleaños.

Los tres gatitos que le acompañaban desde hacía unas semanas habían cambiado la monotonía dentro de aquellas cuatro paredes, y sustituido soledad por compañía. A pesar de ello, lo cierto era que ésta seguía visitándole a menudo, como lo hizo esa misma noche.


Fue tras esa visita, tras ese amanecer, tras ese rayo de sol, tras esa brisa, tras ver despertar y jugar a sus pequeños compañeros, cuando cerró un momento los ojos, y reflexionó.

Todos morimos solos, cierto.
Lo importante es vivir los momentos que compartimos, recordarlos, y llevarlos con nosotros cuando terminen.
Y en vida, aprender a disfrutar de la soledad, entenderla y apreciarla por lo que es, la última amiga, para, así, sentirnos acompañados por ella cuando ya nadie pueda hacerlo.


Por un instante, la habitación quedó privada de la magia que le otorgaba la luz de cada amanecer. Los pequeños gatos, extrañados, dejaron sus juegos y aventuras, y miraron por la ventana. Una nube había ocultado, por un momento, la calidez del sol primaveral.
Cuando los rayos regresaron, deslumbrándoles y haciéndoles cerrar sus felinos ojos, volvieron a corretear arriba y abajo, como revitalizados por una energía que, de algún modo, había llegado hasta ellos llenándoles de vida.


Murió solo. En calma con todo y todos, y consigo mismo.
Al final, fue ella, su última amiga, quien regresó a su lado en ese momento, y la única que le ayudó a conocerse. A apreciar cada hecho ocurrido en su vida, y a valorar los afectos más importantes y necesarios que logró encontrar: aquellos nacidos de su propio corazón.

.- SENS

     

Comentarios (2)