Fuego
A menudo, sentía como si viviese en una realidad ficticia. Todo alrededor parecía indefinido, las formas se desvanecían, las palabras iban y venían sin importar demasiado desde dónde, ni hacia quién.
Los hechos se sucedían, unos tras otros, sin razón aparente, en un sinsentido que, con el tiempo, llegaba a tenerlo.
Siempre había sentido una fascinación especial por las tradiciones paganas, costumbres cuyo inicio se perdía en el amanecer de los tiempos, pero que no podían ser extinguidas. Como mucho, adaptadas (y adoptadas) por parte de aquellos que intentaban hacerlas suyas.
Y el fuego, como elemento purificador, era el protagonista de casi todas ellas.
Cálido en su compañía, reconfortante y querido en los fríos momentos, el fuego resulta ser devastador cuando muestra toda su fuerza, e irreducible, combate por no extinguirse, como un poder oculto que despierta de un largo letargo.
No conviene jugar con él, al igual que no es recomendable jugar con los sentimientos. Ambos pueden descontrolarse, y aflorar mostrando toda su crudeza.
Luz en la oscuridad, brillo en las tinieblas. Como una sonrisa regalada en uno de esos malos momentos.
Purificador de males, indefinido en su forma. Como un sentido abrazo.
El fuego es, aún en su menor expresión, inalcanzable.
Nadie puede tocarlo por mucho tiempo, quedarse con su esencia. Nadie formar parte de él.
Es, por sí mismo, libre.
Y en su libertad encuentra su grandeza.
.- SENS



