Rincón Del Olvido
Apenas recordaba la última vez que visitó aquella casa.
Olvidado los momentos que, de pequeño, había vivido entre los muros casi derruidos de la vieja casucha que tenía ante sí.
Tampoco sabía muy bien por qué tras todos los acontecimientos que se habían producido últimamente en su vida, había vuelto allí. Quizá porque necesitaba encontrarse con alguien o algo familiar, aunque fuese tan sólo un lugar.
Entró en la casa, y a cada paso dado venía a su mente cada detalle, cada acontecimiento ocurrido entre las cuatro paredes que formaban cada una de las habitaciones que recorría.
Así acontecía, hasta que llegó al final de un pasillo y se detuvo frente a una puerta entreabierta. Allí, su mente se tornó en blanco. Nada recordaba de aquella habitación, pero entró en ella.
Era oscura, fría, su olor desconocido. De aspecto extraño, como si no formase parte de aquella casa, al igual que no formaba parte de sus pocos recuerdos. Avanzó a tientas unos pasos y, en un instante, sintió cómo la oscuridad lo envolvía, y el golpe en su espalda al caer y dar contra el suelo. Y tras esto, recordó.
El pequeño pozo en un rincón de la última habitación de la casa servía no como tal, sino como lugar de castigo. Él nunca lo había visitado, pero recordaba vagamente que, cuando había vivido allí, existían temporadas en las que extrañaba a alguien querido, hasta que al final ese alguien caía en el olvido y, sin esperarlo, un día regresaba, pero siendo otra persona totalmente distinta.
Se levantó, e intentó atisbar su altura. Saltó, tras tantear la pared en busca de rendijas que no encontró, y le pareció notar cómo con la punta de sus dedos rozaba el borde del pozo. Volvió a intentarlo, con un poco más de fuerza en el salto, y sintió de nuevo el borde. Pero algo le decía que no iba a salir de allí. Nada había donde apoyarse en las lisas paredes, y ese borde, resbaladizo por la humedad, era como intentar aferrarse a una losa de hielo.
Inevitablemente, tras inútiles intentos, volvió a él ese sentimiento de frustración tan familiar. Pero siguió luchando por salir, poniendo todo su empeño. Nada consiguió. Sólo hacerse daño. Y tras esto, se instaló en él la comprensión, el saber que nada podría hacer, y junto a ella, la desesperación, ambas tan unidas en demasiadas ocasiones.
Gritó, golpeó la piedra, desató toda su rabia, hasta que se derrumbó en el suelo casi desmayado, y sintió la visita de la resignación, la aceptación de una situación que, tras intentarlo, sabía no podría cambiar.
Su mirada perdida creyó ver cómo en un instante un pequeño rayo de luz cruzaba la habitación. Su corazón sintió en la lejanía una esperanza remota. Intentó gritar, pero ni fuerzas tenía ya para ello.
La luz no volvió, la oscuridad lo envolvió. Recordó, quizá por similitud, el pozo figurado en el que había pasado tanto tiempo de su vida tras enamorarse de aquella muchacha, y éste, en el que se encontraba ahora, le pareció incluso más acogedor. Y al recordarla, y guardarla en su corazón, sus otros recuerdos por fin escaparon, le abandonaron, al igual que tantas otras cosas lo habían hecho.
Este era el rincón del olvido. Como no, olvidado. Quizá el lugar que le correspondía, el que había estado buscando. Y por suerte, sabía que nadie iba a echarle de menos.
.- SENS



