Comparaciones
Las comparaciones no siempre eran odiosas.
Su estado depresivo sólo le dejaba ver la suerte de aquellos que consideraba mejores que él. Envidiaba a quienes tenían algo que él deseaba, y la aparente felicidad que muchos mostraban. Siempre parecía que quería aquello que nunca lograría, que sólo podía disfrutar con lo que no tenía, que no sabía apreciar y valorar todo de cuanto disponía. Y se lamentaba por ello demasiado a menudo.
Estas eran las comparaciones odiosas.
Pero desde hacía un tiempo, había abierto los ojos, aunque sólo fuese un poco.
De vez en cuando pensaba en tanta gente que carecía de prácticamente todo, y se comparaba con ellos. Gente que luchaba por conseguir cosas para él insignificantes, personas que sufrían y a pesar de ello sonreían.
Y él, allí estaba, deprimido y llorando por una razón cuyo peso era prácticamente nulo.
No tenía sentido.
Quizá necesitaba poder ver la cruda realidad, ahora distorsionada por una especie de neblina creada por él mismo, para dejar de autocompadecerse. Para dejar de sentirse víctima y comprender cuán afortunado era (y sigue siendo.). Para saber que, a pesar de que le faltaba ese algo, o más concretamente, esa "alguien" que tanto deseaba y quería, tenía todo cuanto necesitaba para poder ser feliz. Y, a pesar de ello, apenas sonreía alguna vez.
Demasiada hipocresía y egoísmo. Demasiado victimismo sin razón. Demasiados lamentos absurdos.
Las comparaciones no siempre son odiosas.
A veces sirven para abrirnos los ojos y nos muestran claramente lo ridículo de nuestro sufrimiento, el sinsentido de nuestra depresión.
.- SENS



